Un año. Ya ha pasado un año. Qué rápido pasa el tiempo. Y cuántos días y cuántas horas he pasado pensando en ti. Sólo en ti. Y no sabes lo que duele. No sabes lo que es añorar tu presencia, desear acariciarte la mejilla o querer decirte que te quiero, sin tener oportunidad de hacerlo. Sin poder verte sonreír, sin poder escuchar tu voz. Esa necesidad insaciable de saber que te encuentras bien o esa urgencia de poder abrazarte. De poder aspirar tu dulce perfume a frambuesas. Poder oír tu corazón latir.
Pero lo único que puedo hacer es admirarte en las fotografías en las que se nos ve felices, en los tiempos en los que todo iba bien. Y paso las imágenes como las hojas de un viejo periódico, mientras que las lágrimas se derraman lentamente y caen sobre tu imagen.
Tu bella imagen. La que tanto añoro. ¡Cruel Destino! ¿Por qué soy un simple Soldadito de Plomo que intenta salvar a su Bailarina? ¿Por qué me convertiste en un Romeo si estaba destinado a vivir sin su Julieta?
¡Oh, Dios! O Zeus. O vosotras, las estrellas, que tan astutas sois, decidme la razón por la que se le ha impuesto un precio a mi corazón, si tan destrozado está. Decidme la razón por la que me arrebatasteis a mi Luce y, por qué lo hicisteis de tal manera.
El mero hecho de recordarlo me corroe el alma. No. No puedo hacerlo…
-Venga, ¡dime a dónde vamos!- su voz suena tan bien en mis recuerdos…-No seas impaciente, Luce. Lo sabrás cuando lleguemos.El Citroen C1 ruge con suavidad mientras conduzco a 70 kilómetros por hora, aún sabiendo que el límite es de 50.Se ríe con gracia, de la única manera que ella sabe hacerlo.-Eres tan insoportable…-Y eso te gusta.La miro. Tiene esa mirada divertida y, sus ojos azul cielo brillan como los rayos del Sol. Su rostro muestra tranquilidad, amor. Es perfecta. Con su precioso pelo dorado y su centelleante sonrisa. Su escultural cuerpo y esa especial manera de balancearse cuando camina.Y justo entonces, cuando la miro como nunca lo he hecho, pensando en la suerte que tengo de tenerla para mí, esa fortuna se ve arruinada en unos segundos. Oigo un agudísimo estruendo y siento que mi cuerpo se parte en dos. Sacudo la cabeza algo confundido y miro hacia delante, donde un barranco hostil y pedregoso se expande hasta llegar a un pantano. Intento parar el coche. Giro el volante en todas direcciones. Aprieto el freno. Nada. No funciona. El coche no reacciona. Miro hacia Luce. Su cabeza cae sin sentido en su pecho y su cabello le tapa la cara. La zarandeo con la mano derecha, mientras que con la izquierda me aferro al volante. No responde. Me inunda la histeria e intento mover el coche sea como sea. Me abalanzo hacia la ventanilla, al asiento. Golpeo todo lo que se me pone delante. Y de repente, todo se vuelve negro. No veo nada. No puedo ver nada.
Poco a poco, empiezo a oír gente gritar a lo lejos, acompañados por una sirena. Esos gritos se vuelven cada vez más intensos y, me doy cuenta de que puedo abrir los ojos. Me da miedo, pero lo hago. Me duele todo el cuerpo. Miro hacia la nada y puedo vislumbrar a un señor de mediana edad, que me pregunta si me encuentro bien. Sólo puedo asentir. Me incorporo con una extrema lentitud y lo único que me llama la atención es esa manta plateada que está extendida en el suelo. Estoy seguro de que debajo se esconde algo y, cuando intento levantarme, el hombre posa su mano sobre mi hombro y susurra.-Lo siento.¿Lo siente? ¿Qué es lo que siente…? Vuelvo a mirar aquella manta inmaculada. El miedo se apodera de mí. Siento que palidezco y empiezo a sentirme mareado.No. No puede ser.¡No!¡NO!-¿Y Luce?- pregunto, aunque sé cuál es la respuesta.-Verás, muchacho, ella no ha tenido la misma suerte que tú. No llevaba abrochado el cinturón de seguridad y, el impacto hizo que se chocara contra…-No sigas. No quiero escuchar nada más.Me levanto y corro hacia Luce, tumbada en el suelo y escondida bajo una funda. La destapo y la veo. Veo sus párpados tornados, su pequeña nariz, sus rosáceos labios. Veo la sangre que dibuja su frente de un aciago color escarlata. Siento su frío cuerpo inerte. Su corazón que no late.Me abrazo a ella. La acaricio. La llamo. Luce. Ven, Luce. Soy yo. Ven. Por favor. Pero no obtengo respuesta. Miro al cielo, teñido de un negro profundo, donde las estrellas se han escondido y la luna no se ha honrado a aparecer.
No debí haberlo recordado. Se me contraen todos los músculos. Miro la gris lápida que tengo enfrente, donde se puede leer:
Luce Keynes.Mi princesa, mi cielo, mi Sol.
La que siempre amaré.
Dejo una roja rosa sobre ella y sonrío. Pero no porque sea feliz. Sonrío para que ella me vea desde el cielo y pueda decir:
-Sí. Este es mi chico. Estoy orgullosa de ti.
Aunque sepa que eso jamás ocurrirá.
-Adiós Luce. Te prometo que pronto nos volveremos a encontrar. Como la primera vez que nos chocamos. ¿Recuerdas? Yo nunca lo olvidaré. ¿Sabes por qué?- me callo para que ella pueda darme esa silenciosa respuesta. El viento agita algunas ramas y las hojas forman un suave murmuro- Porque aquel fue el mejor día de mi vida.- hago una pequeña pausa y rozo con la yema de los dedos la gélida piedra- Te quiero, Luce.
Me detengo un segundo y tras enviar un beso al viento me marcho, con la real esperanza de que volveré a ver su mirada. De que volveré a oír su voz. De que volveré a sentir su calor.
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