viernes, 15 de febrero de 2013

Día 84 , parte 1


Al despertar, mis hombros son atacados por el agotamiento de la noche anterior. Entorno los párpados por la intensidad de la luz solar que se filtra por las largas y blancas cortinas, las cuales esconden, vacilantes, el amplio ventanal que me regala unas preciosas vistas al mar. Me levanto con cuidado, procurando no despertar a la hermosa mujer que aún duerme, de costado, entre las sábanas; para ella también fue una dura noche.
Abro las ventanas y la fresca brisa matinal acaricia mi piel. Me empapo del familiar olor a salitre que emana el mar, el murmullo de las olas y las tenues voces de las pocas personas que caminan por la playa.
Tras volver a cerrar los traslúcidos cristales, me alejo del mundo exterior para arrodillarme junto a esta bella mujer que, al verla así, tan tranquila, no puedo evitar suspirar. Acaricio su mejilla derecha y la beso en la frente; está ardiendo, cosa que durante los últimos meses se ha vuelto algo muy habitual. Me acerco al guardarropa donde de la balda superior cojo una manta de terciopelo azul marino. La coloco sobre ella, asegurándome de que está bien tapada.
Sé que debo ir a la cocina y preparar el desayuno, además de que tengo muchísimas cosas que hacer antes de que ella se despierte; sin embargo, algo dentro de mí me impide dejarla allí, sola. Al final acepto mi situación y abandono la habitación, no sin antes echar un vistazo hacia su pequeña y rubia cabecita.


sábado, 2 de febrero de 2013

Vacía y banal


Hay veces
en las que un horrible sentimiento de culpabilidad
me arrastra hacia remotos lugares
con sus frías y sucias garras
clavadas en mis hombros,
torpes y pesadas,
pero fuertes y legendarias
que no sueltan mi piel desgarrada
hasta llegar a un lugar oscuro y helado.
El eco de mis gritos
se arremolina en mis oídos,
una voz desconocida,
ajena.
Y me siento tan desolada
y cansada
que solo puedo acurrucarme en el sucio suelo de roca mojada
y permitir que mis párpados se entornen
y comience un viaje infinito
e incomprensible.
Un viaje que a veces es horrible
y otras veces placentero.

Y tras llantos y llantos
y puñales de desesperación,
desisto de mis recuerdos
y de mis sentidos.

Porque es así,
vacía e incompleta,
ignorante,
deprimente,
banal
como el mundo me acepta.