lunes, 5 de marzo de 2012

De éstos que escribo en mis paseos.

Bueno, por fin escribo de nuevo. Pero ésta vez es un poema lo que voy a compartir con vosotros. Es uno de los que suelo escribir a diario durante mis largos paseos por la ciudad, con los cascos puestos y escuchando la radio. No sé, me gusta hacerlo.
Espero que os guste:

Los rayos de sol rozaron mi piel con dulzura,
y en mis párpados,
luz de mediodía,
sentí cómo el calor era intenso,
casi ardiente.
Miré el cielo con un leve gesto,
nada más,
pero pude ver que el horizonte era azul,
rozando la blancura del hielo que las montañas más altas inundan.
Era un día hermoso,
casi perfecto,
y aún así sentía que algo me faltaba,
que mi corazón completo no estaba.
Claro, pensé,
faltaban tus verdes ojos,
tu pelo negro
y tus sonrosadas mejillas.
Faltaba aquella sonrisa tan simple y divertida,
tu voz, tus labios, tus caricias.
De repente,
el sol se apagó,
y quedó el tenue recuerdo de un maravilloso día
que como tan bello era,
fue robada por la luna,
envidiosa ella,
y la hizo su noche;
una noche de la más constelada.
Y mis memorias se borraron,
junto con tus ojos,
tu pelo
y tus mejillas.

jueves, 23 de febrero de 2012

Ésa que siempre esperaba

Entre toda la gente curiosa con la que me he encontrado hasta el momento, opté por hablaros sobre la chica que esperaba.

Salía yo de casa sobre eso del mediodía a dar un paseo para despejarme, mirando sin ver a un lado y a otro de la acera, algo distraída con la música que escuchaba por los auriculares. Jeff Buckley cantaba Hallelujah con esa voz que me pierde tanto, cuando vi a una chica sentada en los escalones de un portal. Parecía aburrida, con los párpados medio cerrados y la cara encajada en el hueco que formaban sus manos, con los codos apoyados sobre sus rodillas.
No le presté mucha atención; me limité a mirarla durante un segundo, aunque se me quedó grabado su imagen.
Más tarde, cuando el día había oscurecido, decidí entrar a un bar a tomar un café. Me senté en una mesa y, mientras sorbía con cuidado el café con leche demasiado caliente, me vino a la mente aquella muchacha.
Ya volviendo a casa, miré a ésos escalones donde la chica había estado sentada y... ¡seguía allí! Habían pasado, como mínimo, tres o cuatro horas, y ella seguís en el mismo lugar. Me sorprendió mucho, la verdad.

Siempre recordaré a aquella joven, esperando a loo que para mí siempre será un misterio. En cierto modo, lo haré porque esa chica... era yo. Porque siempre espero.

jueves, 16 de febrero de 2012

Calculadoras y chinos.

Hace tiempo ya que tenía en mente escribir sobre ello, pero es que no se me ocurría nada.
Quería hablaros de las tonterías que un amigo y yo compartimos siempre que podemos. No son más que simples conjeturas que dejamos que nuestra imaginación invente, pero son curiosas hasta más no poder.
Empezaré, por ejemplo, con la teoría de la Calculadora que tenía doble personalidad. Ésta es buena. 
Es de éstas cosas raras que suelo hacer yo, como coger una calculadora y marcar con la mayor rapidez posible el número de teléfono de mi casa.Y de ésto que estoy super absorta en mi tontería, que me pilla. Y claro, tenía que soltar su bobada. '¿Y si al hacer eso activas una bomba en China y muere gente?' Y así comenzó la teoría.
No os riáis, que es serio. Pues resulta que no es sólo la calculadora. También pasa eso si agitas el pelo con las manos, así, como echándolo hacia atrás... y más.

Aquí hay todo un complot para destruir a los chinos, ya que en realidad, no son humanos. Lo que oís, son alienígenas que chocaron contra la Tierra hace mucho tiempo... pero esa ya es otra teoría que os contaré otro día.