viernes, 27 de enero de 2012

Plus rien ne m'étonne, ya nada me asombra.

Me gustaría explicaros la razón por la que escribo sobre ésto. Sé que desde aquí poco puedo hacer, pero al menos, es algo.
Éste último mes se puso en marcha una vez más la campaña 'SOS Sahara', en la que cualquier persona puede donar comida y otros tipos de productos básicos (como compresas) a los refugiados saharauis. Me gustaría agradecerles con todo mi alma por lo que están haciendo no sólo los que llevan la comida hasta los necesitados, sino que también a todas esas personas que aún estando en éstos tiempos difíciles, aportan su granito de arena.

GRACIAS. 


Y aunque intento ver el lado bueno de todo, aunque procuro sonreír cada vez que puedo, hay veces en la que se me cae la cara de tristeza y de profunda vergüenza.
Ya no es sólo que finjamos ser los reyes de la Tierra, ahora ya eso no basta, necesitamos más, y queremos ser sus dioses, decidir quién vive. Decidir quién muere.
Pedimos que se respeten nuestros derechos, que no nos corten las alas, porque nos gusta volar y sentir esa libertad que tanto nos costó conseguir. Fueron cientos de años, sí, de duro trabajo. Y fracasamos una y otra vez, se derramó mucha sangre y nos dolió más de lo que jamás vayamos a aceptar.
Y ahora que lo conseguimos, ahora que podemos decir lo que pensamos, ahora que tenemos qué dar a nuestros hijos para que crezcan, para que puedan ser felices, se lo negamos a los demás. A los que, no sé, por cualquier extraña razón, decidimos apartar. A aquellos que trabajan para que tú y yo nos vitamos, para que podamos disfrutar de la música, para que podamos dormir en nuestras camas, para que podamos taparnos con la manta y decir 'de aquí no me muevo', porque así nos sentimos como en el cielo.

Y aquella gente, más honrada que la mayoría que vive a tu alrededor, no tiene nada. Viven en guerras que ni siquiera ellos comenzaron. Ven a su gente morir porque nosotros no queremos perder nuestra superior y exagerado estilo de vida. Ellos no saben la razón por la que se les puso armas en las manos y se les obligó a luchar por su tierra, que se les fue robada si previo aviso, sin saber por qué. Y algunos logran escapar y llegar aquí, a lugares en los que, tal vez, con algo más de suerte, tengan la oportunidad de tener un hogar, de ganar dinero y sacar a sus familias de la miseria, de la hambruna crónica y muerte asegurada antes de siquiera superar la mayoría de edad. Pero aquí se les niega la entrada, como si no fueran más que basura que hay que reciclar.
Y menos mal, digo gracias a que haya gente que al menos impida ésto, que les dan algo de comer y los sanan. Porque ellos solo quieren agua limpia, algo de comer y una pequeña casa.

Y no sé qué que me entran ganas de llorar cuando los veo. No puedo imaginar lo que sería mi vida si hubiera nacido donde ellos nacieron. No sé, no sé. Es complicado, pero a la vez no lo es, porque sólo se trata de un mundo dividido entre los pobres y los que tienen todo el poder.

Por eso, cada vez que abro los ojos y veo pequeños gestos dirigidos a todas esas personas a las que olvidamos recordar, sonrío a mis adentros, y pienso que sí, que dentro de nosotros comenzó a crecer una semilla que, con mucho esfuerzo, se convertirá en la flor más hermosa que jamás habrás visto. Y sí, la llamaremos Ingualdad.
Gracias a todos los que alguna vez os acordasteis de los arrinconados.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. No sé si te refieres al vídeo o lo que que escribí, pero gracias, de todas maneras, por el comentario !
      Espero que hayas disfrutado de la visita.
      A ver si vuelves pronto ! ;)

      Eliminar