Entre toda la gente curiosa con la que me he encontrado hasta el momento, opté por hablaros sobre la chica que esperaba.
Salía yo de casa sobre eso del mediodía a dar un paseo para despejarme, mirando sin ver a un lado y a otro de la acera, algo distraída con la música que escuchaba por los auriculares. Jeff Buckley cantaba Hallelujah con esa voz que me pierde tanto, cuando vi a una chica sentada en los escalones de un portal. Parecía aburrida, con los párpados medio cerrados y la cara encajada en el hueco que formaban sus manos, con los codos apoyados sobre sus rodillas.
No le presté mucha atención; me limité a mirarla durante un segundo, aunque se me quedó grabado su imagen.
Más tarde, cuando el día había oscurecido, decidí entrar a un bar a tomar un café. Me senté en una mesa y, mientras sorbía con cuidado el café con leche demasiado caliente, me vino a la mente aquella muchacha.
Ya volviendo a casa, miré a ésos escalones donde la chica había estado sentada y... ¡seguía allí! Habían pasado, como mínimo, tres o cuatro horas, y ella seguís en el mismo lugar. Me sorprendió mucho, la verdad.
Siempre recordaré a aquella joven, esperando a loo que para mí siempre será un misterio. En cierto modo, lo haré porque esa chica... era yo. Porque siempre espero.

