jueves, 14 de marzo de 2013

Día 84, parte 2

Pongo agua hervir y coloco dos rodajas de pan en la tostadora, después de haber sacado la mantequilla del frigorífico para que se vaya ablandando. Exprimo dos naranjas y un limón para echarlos en un vaso grande (a ella le gusta así). La tostadora salta y acudo a coger los panes, los cuales coloco en un plato y embadurno con mantequilla y miel. El agua está listo justo cuando acabo con las tostadas; vierto un poco en una taza y la mezclo con leche, azúcar moreno y té verde. Saco una bandeja de madera del armario que está a mi izquierda para colocar en ella todo lo que he cocinado, más una cucharrilla; cuando todo está listo, la cojo y regreso a la habitación.
Dejo la bandeja en la mesilla de noche y me siento en la cama, junto a ella. Zarandeo su brazo con suavidad y ella abre los ojos durante un segundo. Odio tener que despertarla, pero no puedo dejar que pase el día en la cama como solía hacer. Me obligo a suprimir mis deseos de dejarla dormir y coloco mis dedos en los suyos.
-Vamos, Bella Durmiente. Despierta.- susurro.
Y así lo hace. Se apoya en su brazo derecho para recostarse.
-Buenos días- le digo- ¿te apetece desayunar?
Asiente.
Dejo la bandeja sobre la mesa, entre los dos, y la ayudo a sentarse. Le acerco el zumo mixto y ella le da un sorbo.
-Dos naranjas y un limón, como te gusta.
Me agradece el detalle con una apagada sonrisa.
Vacía el vaso y decide probar una tostada.
-¿Está buena?
Le da otro bocado a modo de respuesta.
-Voy a preparar el baño, ¿de acuerdo?- le toco la barbilla con delicadeza- No dejes ni una sola miga, ¿e?- bromeo, aunque lo diga muy en serio- Ahora vuelvo.
La observo durante un instante antes de salir: sus ojos, que solían relucir con un verde esmeralda, se han vuelto oscuros y opacos, como si en ellos guardara todo el dolor existente; su piel, antes tan luminosa, ahora es tan pálida como la misma nieve; además, ha adelgazado tanto que apenas la reconozco.

Al llegar al baño pongo el tapón de la bañera; le doy diez vueltas a la manilla del agua caliente y tres a la del frío. El chorro cae con fuerza y chapotea cuando estalla contra la porcelana. Calculo que tardará unos quince minutos en llenarse, así que voy a por toallas nuevas.


Sé que aún no he revelado su nombre; me siento incapaz de hacerlo.
Tampoco espero que nadie lo comprenda, porque sé que es pedir mucho.



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