martes, 24 de septiembre de 2013

El dulce olor a café amargo

Es curioso cómo todos formamos un uno imperfecto con nuestros recuerdos y experiencias, cómo formamos un libro inacabado que cambia día a día mientras evolucionamos en diferentes direcciones.

A veces me gustaría leer la última página de esa obra incompleta, revelar lo desconocido y poder disfrutar de lo presente. Sin embargo, como con un libro ya finalizado, al instante en el que acabo de leer el final, me quedo sin nada más que sentir, sin personajes que amar u odiar, sin lugares que conocer, sin momentos que gozar.
Y me doy cuenta de que ahí se esconde el secreto de vivir; en fascinarse por la ambigüedad de la vida,  en lo relativo que resultan los hechos que a diario tomamos por ordinarios como el dulce olor a café amargo, el agua templado que acaricia mi piel …
Y me siento a gusto con la vida misma.
Me siento en armonía con el resto del mundo.

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