Vivimos en un mundo loco, desatado por insolentes pasiones. La fuerza nos apodera y dirige cual general militar al abismo de la guerra.
Quedamos cegados por la lobreguez más insondable; abandonamos toda mesura para ser arrastrados en un huracán.
Decimos, miramos y oímos, pero somos incapaces de hablar, ver y escuchar. Nos ladramos los unos a los otros; nos lanzamos a los cuellos de nuestros vecinos; nos odiamos.
Una vez una mujer de extraordinaria sabiduría me confesó que nuestras diferencias, la completa divergencia de la humanidad es, en efecto, la causa de nuestra existencia y que, tan pronto como acogieramos esta realidad, encontraríamos en la diversidad el fundamento de estar vivo.
Amar y ser amado.
No hay nada más.
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