han escrito grandes maestros.
Se ríe de la luna
quien solo conoce el sol.
En mi puño cerrado guardaba una promesa
que huyó apresurada,
asustada por dedos ajenos.
Maldigo el anhelo que me agita por dentro.
Maldigo y reniego lo que siento.
Maldigo mis ojos por haber sido tan indiscretos.
Maldigo mis labios por desear lo que no debo.
Maldigo mi piel por ansiar la pólvora y el fuego.
Maldigo mi corazón,
maldigo mi cuerpo.
Si bien me ahogo por el resentimiento,
lo hago porque me es imposible
desertar mi afecto.
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