Siento
que me pierdo con cada paso que mis pies dan.
Que
la música que escucho se ha vuelto lo único que mis oídos admiten.
Siento
que ya nada me interesa,
que
todo lo que me rodea no es más que polvo y viento.
Que
por cada palabra que alguien me dirige
tengo
menos razones por compartir lo que mis adentros intentan escupir.
Que
mis ojos se cansan con demasiada facilidad,
que
mis dedos no están por la labor.
Siento
que cada vez me cuesta más levantarme,
despegarme
de las sábanas y sentarme a desayunar.
Que
cada vez me molesta más los ruidos de la calle,
los
coches, la gente, el murmullo de la ciudad.
Que
cada vez son menos las cosas por las que siento apego,
que
cada vez sonrío menos,
si
es que llego a sonreír.
Que
aunque el llanto no acuda a mis párpados,
la
necesidad de saciar mi ansia de llorar va en aumento
como
los pájaros al volar.
Siento
que todo se vuelve oscuro,
como
noche sin luna,
noche
de paz.
La
paz que ya no abunda por éstas tierras mías.
Ojalá
los sueños me llevaran lejos,
muy
lejos,
al
infinito...
y
más allá.

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